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dissabte, 23 d’abril de 2016

Caminar, moverse, desplazarse; como acto político y estético



Hace poco leí esta frase: “Fréderic Gros nos presenta el caminar como un acto de desobediencia”. Me quedé perplejo. Me costó hallar una relación, no entendía que algo tan cotidiano resultara ser subversivo o transformador. 

Decidí tomar un paseo para ver si esa idea cogía forma. Mientras iba andando la mente se fue esclareciendo y la lógica empezó a tomar sentido. Me intereso el tema. 

Busqué información y descubrí a Fransciso Navamuel. Leerlo me ayudo a entender la importancia de relacionarnos con el territorio des de una óptica cercana y personal. Mirar a las personas, observar el entorno des de la curiosidad o estar presente en el momento son actos que se rebelan contra la inmediatez, la impersonalidad y la rapidez de esta sociedad. Ocupar ese espacio público que en gran medida ha sido diseñado para alejarnos, nos da una perspectiva crítica interesante para abrir la mirada sobre las visiones hegemónicas. Nos permite ver que los bancos están ubicados alejados unos de otros, que los otros espacios para sentarse lo permiten pero uno al lado de otro, sin verse las caras y que gran parte de la ciudad no está adaptada a la diversidad humana. Cuando caminas o te mueves con esa intención, como dice Navamuel “sin intención de producir o consumir” los sentidos y la mente se despiertan de forma inusual. 

La vista ya no está fijada en una artificialidad electrónica, los pensamientos no responden solo a los estímulos más conocidos y la capacidad crítica adquiere potencialidad. Todo lo que tenemos olvidado se vuelve dinámico y aparece una conexión con lo más primario y genuino. 

A medida que avanzaba reparé en que todo cambiaba lento pero sin pausa, que podía ver los matices, las peculiaridades y las singularidades de lo que me rodeaba. Se aparecían ante mí detalles irreconocibles anteriormente, solo capaces de percibirse andando con esa consciencia alterada. 

Empezaba a entender como el hecho de moverme libremente generaba en mí una sensación deshabitada. Las relaciones desarrolladas en este plano, aparecen distintas, fuera del lugar cómodo que nos definen los roles. Eso me inquietaba. 

A la vez, por mi cabeza vagabundeaba la idea de que si se quiere transformar/deconstruir/alterar esta sociedad, es necesario pasearse por ella, contemplarla en sus entrañas, conocerla en sus bajos fondos y también en sus plenitudes. Es preciso saborear sus arquitecturas, sus muros (simbólicos y reales), es ineludible palpar lo que nos incomoda y lo que nos sorprende. De esta manera, a través de un ejercicio descriptivo, podremos pasar al acto prescriptivo. En sí, el hecho de pasear por nuestro entorno nos aproxima dos realidades incomprensiblemente anacrónicas, el mundo real y el imaginario. Nos presenta lo que vemos y lo que desearíamos ver, lo que nos gustaría cambiar o proteger. Cuando nos trasladamos des de ese movimiento, (político, ético y estético) somos capaces de observar cierta parte de nuestra realidad. Eso, nos lleva a crear el imaginario de cómo nos gustaría cimentar otra comunidad diferente. 

En algún punto de mi paseo, también entendí como surge la utilidad de lo que F. Careri llama la “transurbancia”. El circular por un entramado arquitectónico, político y estético que se entrecruza con elementos culturales significativos de cada territorio, nos permite acercarnos des de ópticas inexploradas a nuestro hábitat más cercano. Eso, también nos lleva a percibir las posibilidades socio-educativas que adquiere lo comunitario.

Porque andando ves como todo está ideado para y por la inmediatez y la impersonalidad. Desplazamientos rápidos en medios de transporte (no)colectivos y (no)adaptados con mapas y señales que nos indican continuamente el camino. Hacia donde podemos o debemos ir, lo que tenemos o podemos ver… sin dejar lugar a esa espontaneidad tan necesaria para caminar como práctica política y estética.

Después del paseo tenía la sensación de haberme desplazado por un lugar desconocido. Como si hubiera visitado una ciudad desconocida. Fue algo desconcertante pero inspirador.
Durante esa mañana, se me abrieron puertas que no quiero que se cierren, es más, deseo que me lleven a otras puertas que aún están sin abrir.



dimecres, 6 d’abril de 2016

La prostitució per voluntat pròpia

Després del debat generat a partir del documental de Gent Normal sobre la prostitució, a mi em suscita quelcom que vaig trobar a faltar.

Van sortir unes dones apoderades, amb força, amb decisió i en un punt de les seves vides que realment se les veia propietàries de les seves decisions. Van tractar diversos temes des de la perspectiva de subjectes actius.

Entenc que és important mostrar aquestes persones amb aquests discursos, per no situar i relacionar sempre sense més contingències a la prostitució amb la marginació.

El debat més planer s’ubica en l’abolició vs la legalització. Moltes vegades penso que es malentén o s’interrelaciona de forma desviada la concepció de l’explotació amb la lliure elecció. Jo estic plenament en contra de la vulneració de drets, de l’explotació laboral, dels xantatges, del treball forçat, del treball infantil, etc. Però ho estic en l’àmbit de la prostitució i també en la indústria tèxtil al continent asiàtic, a certes zones agrícoles d’Argentina, en les mines de Bolívia, les mines de Kawah Ijen i un llarg etcètera.

En totes les formes de subjugació i d’explotació, jo em solidaritzo amb les persones afectades i em posiciono amb fermesa contra les estructures opressores. Però em pregunto, per què en l’àmbit de la prostitució no es concep la possibilitat que algú ho faci per gust? Per què no es deixa espai per algú que no respongui a l’estereotip de dona explotada, immigrant, víctima, obligada a exercir...? Per què no concedim obertures per aquelles persones que no vulguin renunciar-hi, que se sentin còmodes fent el que fan?

Observo com sempre es parteix de la idea que prostituir-se és una mala alternativa de vida. I en la sexualitat, igual que en la gran majoria d’altres temes, la població ens sentim amb el dret a jutjar i sentenciar sense observar que darrere de tot hi ha persones que tenen opinió i veu pròpia.

Tot i així, també cal dir que en el documental vaig trobar a faltar altres formes de viure en la prostitució. Parlo de persones d’aquest sector que són transsexuals, intersexuals, homes o acompanyants íntims i/o assistents sexuals. Temes que van molt més enllà i que ens transporten a observar l’àmbit de la sexualitat des d’òptiques llunyanes, fins ara poc reconegudes.

Les dones que van exposar les seves històries de vida a Gent Normal, penso que no són la representació majoritària, no deixen de ser una part d’un gran cercle de vivències i criteris subjectius. Així, m’agradaria escoltar altres veus, altres mirades, altres formes d’entendre el “perquè” i no tant el “com” i sobretot per mostrar la gran diversitat humana que existeix en aquest sector.

Tot i així, també els agraeixo la valentia que van mostrar parlant en un mitjà de comunicació tan clarament sobre les seves concepcions. I sobretot, per la mostra d’apoderament i exercici crític.