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dimecres, 20 de novembre de 2019

normalidad, sexualidad y jóvenes


Ayer un joven, en una entrevista me preguntó si una práctica sexual concreta era normal. Le removía la situación en tanto que consideraba que eso que quería hacer no formaba parte de esa “normalidad” que tenemos integrada hasta la médula. Se sentía raro.
Yo, pensé y le comenté: hace muchos años que nos hacemos esta pregunta, pero es una pregunta clave. ¿Qué es normal? Porque la normalidad intenta decirnos que hay un patrón hegemónico que rige las normativas obviando las diversidades. Y que yo sepa, los cuerpos, las mentes y las vidas son diversas. Por lo tanto, las sexualidades también. Definir la normalidad, inevitablemente nos lleva a definir la anormalidad y así nombrar y ubicar todo aquello que queda fuera de la norma. De esta manera, quizás sin quererlo, ciertas personas, prácticas, estéticas, patrones o culturas, las designamos como anormales, con toda la carga peyorativa que eso conlleva.

Cada persona tiene una subjetividad intransferible. Que nos ubica dentro de la humanidad como seres únicos e irrepetibles. Por eso creo que es importante entender, que dentro de nuestra subjetividad, tenemos una dimensión infinita de la sexualidad. Porque en una situación específica, con una persona concreta y en un momento determinado, nos puede apetecer compartir cierta práctica sexual. Pero si cambiamos alguna de esas variables, puede que ya no queramos hacerlo.
Si nos manejamos con el discurso de la normalidad en el ámbito de la sexualidad, todas las personas seriamos heterosexuales, todo giraría en torno al pene del hombre, a conseguir la eyaculación o el orgasmo, etc.
Pero esa mirada deja fuera a muchas personas. Porque no tiene en cuenta el deseo. No piensa en que desean las personas en cada momento concreto. Por lo tanto, ante tu pregunta de si esa práctica es normal creo que hay que darle la vuelta y preguntarte, ¿a ti te apetece hacer eso porque lo deseas?  ¿Todo esto responde más a un ideal de la sexualidad basado en el porno o es realmente algo que anhelas? ¿La otra persona también lo desea?
Porque quizás con esas preguntas, dejas de juzgarte y puedes empezar a mirarte y a respetarte. Y como hombre, es el primer paso para tener relaciones sexuales libres de violencias, de faltas de respeto y de responsabilidades que son impuestas por el patriarcado. Quizás, de esa manera nos puede ser más fácil y llevadero dejar de ser esos hombres que esperan que seamos, hipersexuales, agresivos y proveedores. Quizás y solo quizás, podemos empezar a pensar en las cosas desde el deseo y no desde la masculinidad normalizadora.