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dilluns, 21 de novembre de 2016

Fotografía de la realidad educativa

Anoche, en el programa Salvados, diferentes agentes del mundo educativo de secundaria (institutos) exponían la opinión sobre algunos temas relacionados con la educación. Había familias, alumnos y profesionales. Después de verlo se me abrieron diferentes reflexiones.

Por un lado, me aterroriza la idea que personas de 16 años tengan que tomar decisiones vitales sobre su futuro. Tienen que cuestionarse y decidir que quieren estudiar, de que esperan trabajar y con el peso encima de elegir bien por un futuro prometedor.

En realidad no veo mal que se promuevan meditaciones entorno al futuro de uno mismo, ni tan siquiera el tener que entrar en ideas abstractas para conocerse mejor. Personalmente preferiría que descubrieran experiencias para conectar con el presente, pero no está de más de vez en cuando crear una mirada a la vida con vistas al futuro. Pero esto queda muy lejos de lo que está pasando. Se están generando prospecciones de futuro de una vida imaginaria, y viendo el documental solo se entreveía la visión del dinero como máximo objetivo. Por eso, en esas decisiones entran en juego el “que esperan de mí” o “que es lo socialmente aceptable” y sobretodo la sentencia de elegir ser un fracasado o un triunfador. Una chica decía firmemente que su gran pasión es el teatro pero no seguirá ese camino porque no tiene salida.

En esto, vinculo un mensaje muy peligroso en el mundo social y educativo: la responsabilidad de uno mismo. En una sociedad neoliberal la persona es la única responsable de sus actos y por lo tanto tiene que asumir las consecuencias. En el ámbito escolar el alumno también es librado a los efectos de sus actos. En la práctica esto se traduce en: si no estudias es porque no quieres.

Esto, esconde el riesgo de omitir otras dificultades más ligadas a las desigualdades, a la diversidad y al respeto por los diferentes ritmos de crecimiento. Nadie parte de la misma situación, e incluso con las mismas características (sociales, económicas, culturales, familiares, etc.) cada persona adquiere unas necesidades dispares. Por eso el capitalismo nos deja solos. Como culpables de nuestra situación. Cuando ya es bien sabido que el fracaso escolar, los problemas de salud mental o la aparición de ciertas enfermedades van estrechamente ligadas a situaciones de pobreza y de desigualdad.

Tampoco podemos negar que el reflejo en que basan sus idearios es el que hay. Una realidad marcada por lo material y por la consecución de objetivos en relación al dinero. Una cultura del esfuerzo, una tierra de las oportunidades donde quien no logra sus objetivos es porque no quiere. Un escenario de lo inmediato y lo volátil. Todo dura poco y con mucha intensidad. Así, ¿cómo podemos ofrecer miradas más centradas en lo que uno necesita en vez de lo que se espera de él? Cuando lo que rodea a los y las adolescentes son bombardeos de imágenes, ideas, palabras y conceptos centrados en ideas de futuro y en lo material.

Otra de las cosas que hablaron es de la visión de los padres hacia los hijos. Algunos vivían como un fracaso la idea que su hijo/a no vaya a la universidad. ¿En qué momento nos hemos perdido, para focalizar nuestros logros y fracasos personales en la vida de otras personas? ¿Por qué seguimos empeñados en que solo hay un camino certero para la vida?

En conclusión, creo que nuestra educación necesita una metamorfosis práctica y conceptual. Una evolución hacia el respeto en cuanto a ritmos, decisiones y voluntades de cada uno. Una libre presentación del saber y sobretodo una manera más comunitaria de entender la pedagogía. Todos somos agentes pedagógicos y cualquier espacio y persona puede ser una fuente de conocimiento. Pero si estos espacios de “lo común” son abarrotados y saturados de miedos, prospecciones de futuro sentenciadoras e ideales de vida inalcanzables, seguiremos induciendo a la consecución de nuestra sociedad neoliberal, positivista y deshumanizada. 

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